A las 7 de la mañana (hora argentina) del viernes 12 de Mayo de 1978, un destacado periodista nipón comentaba desde los estudios de la cadena televisiva japonesa TBS sus reflexiones sobre el viaje que acababa de hacer a la Argentina.
"La Fiesta del Ternero -dijo- es la manifestación más espontánea y emocionante que he vivido en el mundo".
Esta reflexión nos impone dos conclusiones.
La primera ayuda a derribar un mito, según el cual los argentinos acostumbramos a enaltecer las manifestaciones foráneas para relativizar las auténticas expresiones de nuestra tierra.
La segunda demuestra que en Ayacucho se vive algo más que un simple evento popular, la Fiesta es la concreción de un sentimiento popular.
Lo es por su nacimiento, por su origen netamente campesino, lo es por su desarrollo acorde a las costumbres de la tierra, lo es por su itinerario, que sigue las huellas de lo auténticamente argentino y definitivamente, lo es, porque siendo una verdadera fiesta de pueblo, nos hermana, nos reencuentra y nos empareja sin diferenciaciones exasperantes y finalmente nos induce a confundirnos en un abrazo calurosamente nacional, sin especulaciones ni finalidades subrepticias.
Brindamos aquí un detalle de los cálidos conceptos vertidos por algunos de nuestros visitantes:
"La atracción que desde la primera realización ejerció la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra sobre amplios y entusiastas sectores de público, fue creciendo año tras año y la 5º edición marcó el nivel más alto con una muchedumbre calculada en 100.000 personas, presentes en los diversos actos.
Ayacucho cambió de pronto su tranquilidad pueblerina por la vorágine de un tránsito abigarrado y densas columnas de público en movimiento.
El clima que generó tanto apasionamiento y tan crecido número de asistentes habla también de un interés y ansiedad por presenciar los espectáculos que ha ido creciendo con el transcurso del tiempo.
Ayacucho se encuentra en un eufórico estado de felicidad, propio de un pueblo sano de cuerpo y alma".
(palabras del periodista Oscar Pérez Carreras publicadas en "Actualidad Rural" del mes de Mayo de 1973)
"It's almost incredible that argentines who are 9.000 inhabitants, join 70.000 persons to render homenage to the veal" -"Es increíble que un pueblo argentino de apenas 9.000 habitantes, junte a 70.000 personas para rendir homenaje al ternero"-.
(mencionado en 1.976 por periodistas ingleses de la BBC de Londres que presenciaron la Fiesta).
"Desde los orígenes de nuestra explotación ganadera, el hombre de campo eligió una fecha determinada -dentro del otoño- para poner su marca de propiedad a los terneros.
La falta de límites en las estancias, por ese entonces, provocaban la confusión acerca de los legítimos derechos sobre la propiedad del ganado y alentaba a la proliferación del cuatrerismo. En poco tiempo la "yerra" se convirtió más que en una tarea de campo en una verdadera fiesta criolla en donde se daban cita patrones y peones de todos los establecimientos de los alrededores.
En la ocasión no solamente se señalaba a los terneros nacidos durante el año anterior y se los castraba, sino que se amenizaba el trabajo con guitarras, bailes, juegos de azar y de destreza, etc. El momento era propicio para desplegar las mejores galas y los más lujosos aperos que adornaban riendas y cabezadas de caballos y las rastras y facones de los jinetes.
Así fue como hace dos décadas, un grupo de ganaderos y empresarios de Ayacucho, provincia de Buenos Aires, imaginaron al pueblo todo, convertido en una sola y gran estancia abierta al vecino, al amigo, al visitante.
Nació de tal modo la Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra, que a poco se convirtió en fasto nacional por decreto del gobierno argentino.
Esta fiesta es mucho más que un simple encuentro popular: es la manifestación espontánea y entusiasta de todo un pueblo que convive con lo tradicional y en donde la tarea rural cotidiana pasa a ser durante esos días una explosión de autenticidad y criollismo.
La dura y sacrificada faena se convierte en una alegre expresión auténticamente criolla".
(nota publicada en la revista "American Express" en 1988)
Por siempre Ayacucho...
"Dentro de las zonas privilegiadas del país por su geografía -suelo, clima, flora, fauna, hombre- está la pampa, llanura inmensa que abarca la provincia de Buenos Aires, sur de Córdoba, Santa Fe y La Pampa.
Esencialmente pastoril, ese territorio de suaves declives hacia el este, tiene distintos regímenes de lluvias, con lo que la zona oriental se beneficia y permite agricultura de excepción y ganadería no menos extraordinaria.
El hombre siembra y cosecha generosamente; cría animales y los hace reproducir natural o artificialmente hasta el infinito, si se lo propone. Salvo, claro está, en años trágicos de sequía desastrosas o epidemias que caen dentro de lo imprevisible.
Ayacucho, nombre lejano que vino a recalar con una estrella de esperanza en la planicie húmeda, es un símbolo de lo que puede lograrse con el tesonero esfuerzo de los pobladores, de ayer y de hoy, nativos y extranjeros, que vinieron por poco tiempo y aquí están las generaciones dinámicas de españoles, italianos y franceses, que prolongan la estirpe del trabajo y el honor.
Pero junto a la imagen labradora y resera que da grandeza material y es generadora fecunda de progreso y civilización, Ayacucho tiene la inmensa riqueza espiritual de sus creadores y la fuerza de convocatoria que acerca a los de otros pagos, cercanos y lejanos; sus poetas, novelistas, ensayistas, historiadores, plásticos, músicos y cantores populares convertidos en pivote cultural de toda la región.
Constituyendo un polo de irradiación de las letras y las artes, que enorgullece a todos los habitantes, que saben reconcentrarse en si mismos, apretarse unos a otros como en los actos rituales de la siembra y tras agradecer a Dios los frutos que la tierra brinda, dar alborozo al corazón en una suma de fiestas que son de todos y no halla parangón en el país ni en América, prolongando los días y las noches, convertidas en torrentes humanos.
Calles y avenidas florecidas en pendones y luminarias, por las que se desliza la infinita alegría de saber que se está creciendo...
Cuando todo pasa y el silencio ingrávido llega sobre los pagos de Ayacucho, como en un inmenso y fabuloso telón recostado sobre el poniente enrojecido, se ven pasar, altivos jinetes pampas, con un destino incierto, asidos a las largas crines de sus caballos doblegando al tiempo y a los vientos aulladores".
(artículo escrito por Félix Coluccio y publicado en la revista oficial de la Fiesta Nacional del Ternero del año 1989, página 34)
Raigambre tradicionalista
"Panorama de hacienda cimarrona y jinetes solitarios, cabalgaron la pampa, hasta que el hombre tuvo un hogar adonde regresar y un rudimentario cerco para embretar los animales.
Fueron naciendo los grandes establecimientos dedicados a la explotación de las riquezas del suelo y, junto con ellos, fueron levantándose mojones de propiedad privada, dentro de la inmensidad generosa de la tierra.
En cada delimitación una estancia y en cada una un emporio de trabajo.
El gaucho, como expresión de la hora y el lugar, fue el eje que movilizó las labores de cada predio con prestancia, con fecundidad de recursos y con maestría. El manejo de la hacienda y del caballo y todas las tareas afines, lo contaron como un protagonista de tal calidad, que aún se imita.
El terreno apuntó como la fuente de una prosperidad que sigue constituyendo la meta de todos los esfuerzos. Genera riquezas, pero exige tareas que, si bien algunas quedaron en el recuerdo, lo cierto es que no han muerto y en cada nueva edición de la Fiesta, se convoca a los maestros de la genuina labor rural y a los que, con su presencia, apuntalan prácticas que ejecutan los elegidos y contemplan multitudes de celosos defensores de lo tradicionalmente argentino.
La doma, la pialada, la yerra, son desafíos de capacidad y expresiones de arte autóctono.
El paso de las tropillas evidencia la rara habilidad de los que han logrado el milagro de mantener, detrás del sonido de un cencerro, una masa de músculos tensos por el temor, que evoluciona, casi dócilmente.
Sobre el flete, la estampa rediviva de los que consagraron un atuendo auténtico y lo lucen con orgullo y dignidad, como herencia recibida con el compromiso de no desvirtuarlo, sino enriquecerlo".
(artículo aparecido en la edición Nº 22 de la revista "Rural Sudeste", página 21, de Febrero de 1995)